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Friday, June 25, 2010

LA VIDA ES COMO UNA CAJA DE CHOCOLATES


No sé si alguna vez te sucedió que al tratar de entrar a un lugar recibiste un fuerte golpe y un gran susto porque no advertiste que había una puerta de cristal. O que al ir a sentarte en aquella silla que habías dejado para saludar a alguien, terminaste en el suelo porque otro la tomó sin decir nada. Esa es más o menos la forma en que te puedo describir como me siento en este momento. Como después de un fuerte golpe y una gran sorpresa. Por eso quiero compartir contigo esta nota que recibí de una persona que aprecio y me aprecia.

He aquí la nota.

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LA VIDA ES COMO UNA CAJA DE CHOCOLATES

Cumplir años siempre es agradable. Conté mis  años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora. Me siento como aquella persona que ganó una caja de bombones; los primeros los comió con displicencia pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a consumirlos lentamente y a disfrutarlos más.

Ya no tengo tiempo para  lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. Desprecio a los oportunistas y a las personas aranosas. No tolero a los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Ya no tengo tiempo para proyectos megalomaníacos. No participaré en conferencias que establecen reglas engañosas para erradicar la miseria en el mundo. No quiero que me inviten a eventos  donde se pretende solucionar los problemas del milenio.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten: estatutos, normas, procedimientos y políticas, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar melindres de personas que, a pesar de su edad cronológica, son unos inmaduros.

No quiero ver las agujas del reloj avanzando en reuniones de "confrontación", donde solo “ponemos sobre la mesa” las opiniones de los poderosos. Me molesta ser testigo de los defectos que genera la lucha por el “majestuoso” cargo de Director.

Recuerdo ahora a Mario de Andrade, que afirmó: “Las personas no discuten los contenidos, solo sus títulos".

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos; quiero la esencia. Mi alma tiene prisa. Sin muchos bombones en la caja, quiero vivir al lado de gente humana, muy humana; que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no se considere electa antes de tiempo, que no huya de sus responsabilidades, que defienda la dignidad de los marginados y que desee tan sólo andar al lado de Dios. Caminar junto a cosas y personas de verdad.

Disfrutar de un afecto absolutamente sin fraudes, nunca será una pérdida de tiempo. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas de manera constructiva, no destructiva. Gente a quien los golpes duros de la vida, les enseñó  a crecer con toques suaves en el alma.

Si… tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de los bombones que me quedan… porque estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con Dios.

¿Y tu meta cual es para este tiempo mágico que nos queda? Porque a la luz del corto período de vida que se nos concede, debemos buscar tiempo para vivir, disfrutar y ser felices en cada oportunidad.

Aprovechemos nuestro "Tiempo Mágico"... porque el tren de la vida sigue avanzando.

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Fin de la nota.

A partir de ahora quiero que mi meta para este “Tiempo Mágico” que me queda, sea como la expresada en estas sencillas pero profundas líneas. Por eso voy a “buscar tiempo para vivir, disfrutar y ser feliz en cada oportunidad”. Y para ello debo retirarme de todo lo que pueda apartarme de esa meta, entre otras cosas este tiempo virtual. Voy a dar más de mí al tiempo real.

Sergio Jesús Fernández
25 de Junio de 2010

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